Cómo llegué a mi unipersonal
“La séptima morada”
Fue una sorpresa para mí descubrir por primera vez a Edith Stein en Paris, 1988. Por pedido expreso de Matilde Sábato, supe del placer de buscar todo lo que encontraba sobre ella. Por esos años, yo vivía en Paris, cuando estudiaba en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS) del Boulevard Raspail. Durante muchos años acompañaba a Matilde a la Alianza Francesa, en mis viajes a Bs. As., porque ella comenzaba a apagarse. Y en ese barcito al lado de la Alianza, hablábamos de Edith Stein. Fue en ese unirse tratando de dar a Matilde lo mejor de mí, cuando comenzó mi vínculo con Edith. Stein.
En enero de 1994 viajé a New Jersey a visitar una parte muy querida de mi familia y desde allí vijaba todas las mañanas a New York para buscar bibliografía en la Biblioteca Pública sobre las noticias periodísticas sobre el caso Dreyfus, tema que ocupó diez años de mi tiempo casi en forma exclusiva. No pensaba que en el momento actual se reactualizaría la importancia de este caso en el escenario del mundo en que habito hoy en 2025. Lástima.
Entonces Anne, fascinada con la carmelita, me llevó una tarde de domingo al Frontier Theater del off Broadway, a ver la obra “Edith Stein” de Arthur Giron. ¡Me impactó! Escuchar en inglés lo relacionado con la festividad de Purim, las disquisiciones filosóficas de la fenomenología de Husserl, su conversión en el Carmelo, las cartas a su madre, cuando echaban de la Universidad a los profesores judíos (Max Sheller entre ellos), la certeza de E·dith de poder salvar a su pueblo desde la Ciencia de la Cruz, el final en las palabras a su hermana en el Carmelo de Echt, Holanda: “Ven Rosa, vamos a marchar por nuestro pueblo”. En la obra de Girón, se veía a Edith con su túnica y la estrella amarilla recitando el “Shemá oh Israel…” abrazada a sus compañeras.
Siempre pensé que Edith eligió la Cruz.
En los años 90 mientras tomaba clases de teatro con Nina Cortese, ella se fascinó con Edith y la mayor part5e de mi material quedó en su biblioteca.
En distintas áreas del conocimiento y expresión artística, me sentí atraída por las palabras. Fue el encuentro con María Fux y el rabino Ruben Nisenbom, en conjunción con una necesidad urgente de dar, cuando tuve en claro que todo lo que había aprendido hasta entonces con el lenguaje de las palabras, incluso la danza, podía manifestarse con la gracia de dar a otro algo, para que no estén tan solos y puedan descubrir sus potencialidades. Encontré en la danzaterapia la felicidad para ser un puente, mirando a ambos lados, sobre todo, al otro lado del puente. En esa escena volví a las lecturas sobre y de Edith. Así pude sentirme puente entre Edith y los espectadores.
¿Qué tenía en común con ella? La mujer, los niños, la libertad de elegir, la madre, el ser judía, buscar la verdad, la fenomenología, la empatía, el encuentro con la fe, el amor. “En adelante, mi único oficio será amar cada vez más” se inscribió en sus votos finales en el Carmelo de Colonia. Palabras de su amado San Juan de la Cruz.
Edith era una chica que buscaba la verdad. No la encontraba hasta que una noche leyó la vida de Santa teresa de Jesús. “Ésta es mi verdad” dijo al terminar el libro.
Edith Stein halló la verdad en Cristo. Ella, que había sido discípula de Husserl sabía que para el él la verdad ontológica, del ser, de su esencia, se adquiere en la inmanencia de la conciencia, en una actitud para comprender al mundo de int6ención trascendental, donde la intuición actúa como visión intelectual de la realidad. Se es activo a la vez que pasivo ya que las cosas se presentan y por ello tienen existencia objetiva. Pero el método sigue siendo egocéntrico.
Por el contrario, la filosofía tomista que ella descubrió es teocéntrica, ya que el único conocimiento inmediato es el divino y la fe no es algo irracional, un sentimiento, sino que tiene certeza por sí misma. Todo que se conozca por fuera de la fe, es un conocimiento mediato, ya que es a partir de las especies, su ordenamiento, su división, su comparación.
Ni para Tomás de Aquino ni para Husserl, es conocimiento por inferencia, tomado la lógica de inducción y deducción, sino por intuito legis (la lectura de las cosas en sí misma)
Cómo fui conociendo la vida de Edith: por ella misma en sus escritos: “Estrellas amarillas” “mi niñez y juventud judías” inmersa en el momento de un atroz odio antijudío.
Seguiré con estas reflexiones.
Itinerario E. Stein:
Después de traducida del inglés la Edith de Arthur Giron, no estuve convencida de representarla ya que el punto de vista es la tensión entre judíos y cristianos por la verdadera fe de Edith, por otro lado, están los nazis. No era lo que buscaba.
Pasó el tiempo. Había pensado en escribir por mí misma un unipersonal. Hasta que una tarde escuché en el contestador de mi teléfono de la voz de Francisco Javier, con quien me unió sin duda Giraudoux, pero además un enorme cariño y admiración.
Decía: “Lilí vea por cable el film “La settima stanza” una película húngara hablada en italiano. Es lo que usted está buscando: el camino del alma”
La vi, lloré, me entusiasmé. Una mañana en el café del Patio Bullrich, a unas mesas de distancia estaba leyendo un libro Sergio Renán con quien apenas habíamos tenido alguna conversación aquí y allá. No me animé a interrumpirlo, pero un cruce de miradas me animó. me acerqué y le conté muy brevemente que quería contactar a una directora de cine húngara. Me respondió “Muy fácil: anda a la embajada de Hungría”
Pedí entrevista, me recibió Judith Hazi, la señora Cónsul no solamente me dijo que me ayudaría, sino que se alegraba enormemente de hacer conocer a Marta Meszaros en Argentina, ya que en general, siempre se hablaba de Sandor Marai.
Así fue que recibí un correo a los pocos días: “Estimada Liliana: Como te prometí hice las gestiones para llegar donde la directora Marta Meszaros. Incluso hablé con ella. Se mostró una señora de mucha sensibilidad (lo que sabemos) y receptividad. Le interesa conocer más de vuestro proyecto. Ella, por razones prácticas, no maneja mucho el e-mail y tiene un inglés débil (sus palabras) pero me dio el contacto de la seóra Éva Pataki, su co-guionista en la película. Con ella también tomé contacto y ella está a tu disposición para tomar contacto en inglés. Su correo electrónico es … Suerte y teneme al tanto, por favor…”
Hablé con Stella Galazzi con quien hacía cursos en el Teatro San Martin. Quiso dirigir y convinimos en que lo mejor sería adaptar el guión a un unipersonal. Entonces mi correspondencia fue meteórica con Éva, nos encontramos en Londres. Con la traduictora María Micsinay de Benedek (Marika), con la agencia húngara. Fue una red de empatía. Cada vez el entusiasmo fue creciendo.
Ensayos, ensayos, ensayos.
La escenografía de mi hija Marysol junto con Lucio Rossi, la realización, se hizo una familia.
El Embajador de Hungría se ocupó personalmente de invitar al estreno y resultó que fue el día en que salió electo el Papa Francisco, ¡todo el cuerpo diplomático en el Salón Dorado del teatro Cervantes!
Fue una experiencia conmovedora.
Y luego las notas en los diarios.